Made in Kilómetro cero

Seguro que alguna vez te has comido alguna pieza de fruta que no sabía a nada o has partido un limón y no desprendía el aroma habitual a cítrico. Por suerte para nuestro paladar, también nos hemos comido frutas muy sabrosas con un sabor y un olor deliciosos. En este caso, lo más probable es que se hayan adquirido a algún proveedor cercano, o en un mercado local.

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Muchos de los alimentos que consumimos habitualmente han recorrido más de 5.000 kilómetros hasta llegar a nuestra mesa. En más de una ocasión te habrás encontrado con lechugas alicaídas que, tras días en cámaras frigoríficas, pierden el sabor, el olor y las vitaminas.

¿Sabemos de dónde proceden los alimentos que consumimos, cómo se hacen y qué son?

Cada vez somos más los que nos decantamos por comprar y comer los productos que tenemos más cerca, también conocidos como de ”Kilómetro cero”. Este concepto surgió en Italia, en 1986, de la mano de Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food. Estos productos, agrícolas o ganaderos, se denominan así porque están producidos en un radio de acción de 100 kilómetros como máximo. Lo importante es que productores y consumidores estén lo más cerca posible y, preferiblemente, no más alejados de esa distancia.

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Lo que da el tiempo

Si lo pensamos detenidamente, el consumo de alimentos de kilómetro cero es algo que ya hacían nuestros abuelos; es decir, un consumo lógico y que promociona el producto de temporada, o como decían mis abuelos ‘’lo que da el tiempo’’. Esa es la filosofía del kilómetro cero, adaptar la cocina a las estaciones del año con los productos de cada temporada. Es algo sencillo, pero a lo que nos hemos ido desacostumbrando. La tendencia del ‘’Kilómetro 0’’ está promoviendo la recuperación de huertos urbanos en muchos pueblos y ciudades. Y es toda una experiencia, y muy recomendable, acercarse a algún huerto urbano a comprar verduras recién recolectadas.

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Esto tampoco significa que eliminemos de nuestra dieta a los kiwis de Nueva Zelanda o las frutas tropicales; pero sí que nos hace reflexionar sobre los beneficios para la salud, el medio y la biodiversidad de estos productos que tenemos tan cerquita y que están tan ricos.

Las grandes superficies no son ajenas a esta tendencia y ya son muchos los establecimientos en los que se pueden encontrar productos frescos recién recolectados, carnes de granjas de la zona y pescados llegados de la lonja. Los precios suelen ser asequibles y el sabor y la calidad, incomparables; así que yo me apunto al ‘’made in kilómetro 0’’, ¿y tú?