Si llevar una vida sana y ecológica te parece imposible, no estás sólo.

Todo empieza leyendo una noticia sobre que los huevos son malísimos y luego otra sobre que en realidad son estupendos. Estabas convencido de que separar residuos es bueno, pero te han dicho que en realidad vacían todos los contenedores de reciclaje en el mismo camión. Has leído tantas teorías diferentes sobre ecología, lo que hay que comer y lo que no, que te has convertido en un escéptico. Has empezado a no creerte nada. Ya no sabes qué es bueno y qué es malo.

¿Que los donuts son malos? ¡AHHHGHGHGH!
¿Que haga la paella con arroz integral? ¡AHHHGHGHGH!

Y acabas volviendo a los malos hábitos, porque es más sencillo no plantearse las cosas que vivir con esa sensación de no estar haciéndolas correctamente.

Si estás a punto de entregarte a comer pizza y doritos y a tirar las bolsas al suelo, porque, total, esto ya no hay quien lo arregle: Tranquilo, no estás sólo.

Sí, yo también me he tragado muchas bolas. Lo admito, durante una temporada tomé cartílago de tiburón y hasta homeopatía (era joven e inexperta, qué le vamos a hacer). Sé que tanta información contradictoria a nuestra disposición, es abrumadora.

Por eso creo que es importante recordar que esto no se trata de hacer las cosas de una forma perfecta. Es una obviedad, pero no está de más recordarlo. Lee mucho, saca tus propias conclusiones e intenta hacerlo lo mejor posible.

Como dice Tim Minchin, queremos un mundo binario, pero no es tan sencillo. No te agobies, lo estás haciendo bien.

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