Y tú ¿lees las etiquetas?

Ayer compré un bote de hummus de la marca Simply Greek. Me encanta el hummus, además este está hecho con aceite de oliva ¡y es saludable!, al menos eso es lo que pone en el embalaje.

La vegetariana siempre trae el hummus

Pero si miramos la parte trasera, resulta que ¡tachán! el segundo ingrediente principal es el aceite de girasol y sólo un 2% de los ingredientes corresponde al aceite de oliva.

Hummus Simply Greek

Técnicamente no nos están mintiendo, pero lo de destacar tanto un ingrediente que constituye una parte tan pequeña del producto me hace pensar que algo huele a podrido en Dinamarca. Por no hablar del apelativo saludable, que en principio podríamos aplicar a cualquier alimento que no sea nocivo.

El caso del hummus no es muy grave, pero ¿te has parado a leer alguna vez los ingredientes de un alimento supuestamente sano como la pechuga de pavo? Echémosle un vistazo a esta que tenían en mi oficina. 60% de los ingredientes son pechuga de pavo. Vamos, que el 40% de esta pechuga no es pechuga, ¡40%!

Jamón de pavo que no es pavo

Y ¿qué me dices de este jamón curado cuyo tercer ingrediente es azúcar? Eso sí, te indican que es sin gluten, no vaya a ser que te encuentres el primer jamón del mundo que lo lleva.

Jamón con azúcar

Las empresas alimentarias están acostumbradas a destacar atributos evidentes como algo especial y a intentar confundirnos utilizando palabras como “saludable”, “natural” o “artesano”. Natural no significa nada, el azufre es natural y no te lo comerías. Y ¿cómo va a ser artesano un producto fabricado a gran escala? La única manera de saber lo que realmente comes es leer la letra pequeña de las etiquetas.

Recientemente, Justicia Alimentaria Global lanzó la campaña Mentira Podrida para concienciar sobre cómo la industria alimentaria nos la mete doblada, si nos dejamos, claro. Te recomiendo echarle un ojo a su web y a partir de ahora lee las etiquetas por delante y por detrás.

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