El código huevo o cómo interpretar los dígitos impresos en la cáscara de los huevos

Hace ya algún tiempo averigüé que los números que aparecen en la cáscara de los huevos que compramos aportan una información muy útil a la hora de elegir qué tipo de huevos queremos consumir. Y digo qué tipo, porque no todos son iguales, aunque lo parezcan.  Si no sabes interpretar el código que llevan impreso los huevos, sigue leyendo el post porque te vamos a explicar en detalle el significado de cada número y/o letra. Es muy sencillo y, además, en poco más de diez dígitos obtendrás información muy completa sobre el origen y el control de los mismos, cómo están criadas las gallinas, su alimentación, etc. Detalles muy importantes que es interesante tener en cuenta si te preocupa esto de la alimentación.

ModeloEuropeoProduccionHuevos

Sólo un 2% de los consumidores conoce y presta atención al código impreso en la cáscara

Antes de entrar en materia, quería destacar unos datos reveladores sobre el desconocimiento de este tema. Sólo un 2% de los consumidores conoce y presta atención al código impreso en la cáscara, como arroja una reciente encuesta elaborada por INPROVO, la Organización Interprofesional del Huevo y sus Productos. Esta organización agrupa a asociaciones de ámbito nacional representativas de las empresas del sector productivo, industrial y comercial y está reconocida como organización interprofesional agroalimentaria por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Así las cosas, INPROVO ha desarrollado una campaña informativa, ”El huevo, de etiqueta” a través de la que enseñar a los consumidores a interpretar el código de la cáscara y la información del etiquetado.

Todo lo que nos cuenta el código impreso en la cáscara del huevo

  • El primer número indica la forma de cría o el sistema de producción (El 0 indica que los huevos son de producción ecológica, el 1 se utiliza para la producción de huevos de gallinas camperas, el 2 es el código de los huevos producidos en suelo y el número 3 es el número de los huevos producidos en jaula).

SistemaProduccionHuevos

  •  Las dos letras siguientes sirven para identificar el país de origen, en nuestro caso: ES.

ProduccionHuevosPais

  •  Los siguientes dígitos se refieren a la granja de producción (la provincia, los dos primeros números; los tres números siguientes corresponden al municipio donde está instalada la granja y los tres últimos dígitos identifican a la granja. Puede haber una letra al final del código, que se refiere a los distintos gallineros, si hay varios en la misma granja).

¿Por qué no todos los huevos son iguales?

TipoCriaGallinasUE

Porque hay que diferenciar el modo de cría de las gallinas. En este caso el número 0 va asociado a los huevos de producción ecológica, las gallinas se crían en gallineros con salida a espacios abiertos de vegetación, donde pueden picotear y escarbar en el suelo.

El número 1 es el código del huevo de las gallinas camperas, que también se crían en gallineros con salida al aire libre, muy similar a las anteriores, con la diferencia de que estos huevos no son ecológicos.

El número 2 es el código del huevo de las gallinas criadas en el suelo, en el interior de un gallinero cubierto en el que se mueven en libertad.

Por último, el número 3 es el código de las gallinas criadas en jaula. En este sistema de cría las gallinas se alojan en grupos reducidos y también disponen de perchas donde subir a descansar (al igual que en todos los anteriores ejemplos).

Como veis, detrás de un alimento tan básico e imprescindible en nuestra cesta de la compra y en nuestra gastronomía, existe una industria que cuida hasta el más mínimo detalle parar ofrecer un producto con los máximos estándares de calidad en su producción. Para ello se aplica el Modelo Europeo de Producción, que garantiza la seguridad alimentaria, la protección del medio ambiente y el bienestar y la sanidad animal.

Y ahora que ya sabemos interpretar el código de los huevos, nos gustaría conocer qué número sueles consumir y por qué. ¡Esperamos tus comentarios!

*Fotografías: elhuevodetiqueta.eu

Almuerzo ecológico con Herbolario Navarro

Almuerzo Ecológico

Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a un almuerzo ecológico organizado por el club del Herbolario Navarro en la Finca Santa Elena, situada en la zona de Ontinyent, la toscana valenciana. Herbolario Navarro es probablemente el herbolario más grande de España, con tiendas en muchas ciudades y sede en Valencia.

Almuerzo en Finca Santa Elena

El chef Lluis Penyafort nos habló de cómo comprar productos ecológicos y sobre todo productos kilómetro 0 influye no solamente en el sabor de los alimentos y en nuestra salud, sino que su radio de acción de los mismos van mucho más allá y afectan a todo el entorno que los produce.

Finca Santa Elena

De esta manera, los pueblos de la zona se revitalizan con la llegada de pequeñas granjas y familias a los pueblos. Los paisajes se mantienen, gracias al cultivo de especies autóctonas. Y, en general, la producción es más sostenible a largo plazo.

Pinada Fincha Santa Elena

En el almuerzo, probamos un nuevo producto de su marca propia Bio Cesta, yogur natural ecológico. Con él realizamos tres recetas perfectas para organizar un brunch en casa o un desayuno opíparo. Vamos, que nos pusimos finos.

Como verás, son tres recetas muy sencillas. Pero nos dieron algunas buenas ideas, como la de la tierra de patata, algo sencillísimo con lo que puedes dar un toque sorprendente a muchos platos.

Tres recetas de desayuno con yogur del chef Lluís Penyafort

Tortitas con yogur

Ingredientes:

  • 1 Huevo
  • 10gr de levadura en polvo
  • 1⁄2 litro de leche de vaca o vegetal de avena
  • Harina de espelta integral
  • Yogur de vaca
  • Jamón york en lonchas
  • Queso fresco
  • Tomates cherry
  • Pepino
  • Azúcar golde
  • Sal
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

  1. Elaboración de la masa casera de Tortitas:
    • En un bol batir el huevo, la leche, la levadura en polvo y una pizca de sal y azúcar Golden.
    • Añadir la harina poco a poco hasta conseguir una masa homogénea (que quede un poco espesa).
  2. En una sartén antiadherente hacer las Tortitas, untando primero la base con un poco de aceite o mantequilla.
  3. Elaboración de la Salsa de Yogur:
    • Mezclar un Yogur de vaca con un poco de aceite de oliva virgen extra. Mezclarlo bien y reservar.
  4. Poner en el plato la Tortita, acompañada de una loncha de jamón york, queso fresco, unos tomates cherry y unas rodajas de pepino. Terminar de decorar el plato añadiendo un poco de la salsa de Yogur previamente elaborada.

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Yogur con calabaza y tierra de patatas

Ingredientes:

  • Patatas fritas
  • Calabaza
  • Yogur de cabra
  • Jengibre o cardamomo
  • Sal

Preparación:

  1. Pelar la Calabaza y cortarla en dados pequeños.
  2. Cocer los dados de Calabaza en una cazuela tapada con un poco de agua.
  3. Añadir una pizca de sal y jengibre o cardamomo.
  4. Triturar las patatas fritas en un vaso americano hasta que queden como tierra.
  5. Esperar a que se enfríe la calabaza y en un vaso poner un poco de Yogur de cabra, la calabaza y por último la tierra de papas.

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Vasito de yogur con frutas rojas y muesli

Ingredientes:

  • Yogur de vaca o cabra
  • Muesli crunchy natural
  • Sirope de ágave
  • Fresas
  • Frambuesas
  • Arándanos

Preparación:

  1. En una vaso poner en el fondo una capa de Yogur de vaca o cabra.
  2. Seguidamente ponemos un poco de Muesli crunchy natural.
  3. Añadir unas cuantas fresas troceadas, frambuesas y arándanos.
  4. Terminamos con un chorrito de sirope de ágave.

Si te animas a hacer alguna de estas recetas, nos encantaría saberlo :)

Made in Kilómetro cero

Seguro que alguna vez te has comido alguna pieza de fruta que no sabía a nada o has partido un limón y no desprendía el aroma habitual a cítrico. Por suerte para nuestro paladar, también nos hemos comido frutas muy sabrosas con un sabor y un olor deliciosos. En este caso, lo más probable es que se hayan adquirido a algún proveedor cercano, o en un mercado local.

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Muchos de los alimentos que consumimos habitualmente han recorrido más de 5.000 kilómetros hasta llegar a nuestra mesa. En más de una ocasión te habrás encontrado con lechugas alicaídas que, tras días en cámaras frigoríficas, pierden el sabor, el olor y las vitaminas.

¿Sabemos de dónde proceden los alimentos que consumimos, cómo se hacen y qué son?

Cada vez somos más los que nos decantamos por comprar y comer los productos que tenemos más cerca, también conocidos como de ”Kilómetro cero”. Este concepto surgió en Italia, en 1986, de la mano de Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food. Estos productos, agrícolas o ganaderos, se denominan así porque están producidos en un radio de acción de 100 kilómetros como máximo. Lo importante es que productores y consumidores estén lo más cerca posible y, preferiblemente, no más alejados de esa distancia.

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Lo que da el tiempo

Si lo pensamos detenidamente, el consumo de alimentos de kilómetro cero es algo que ya hacían nuestros abuelos; es decir, un consumo lógico y que promociona el producto de temporada, o como decían mis abuelos ‘’lo que da el tiempo’’. Esa es la filosofía del kilómetro cero, adaptar la cocina a las estaciones del año con los productos de cada temporada. Es algo sencillo, pero a lo que nos hemos ido desacostumbrando. La tendencia del ‘’Kilómetro 0’’ está promoviendo la recuperación de huertos urbanos en muchos pueblos y ciudades. Y es toda una experiencia, y muy recomendable, acercarse a algún huerto urbano a comprar verduras recién recolectadas.

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Esto tampoco significa que eliminemos de nuestra dieta a los kiwis de Nueva Zelanda o las frutas tropicales; pero sí que nos hace reflexionar sobre los beneficios para la salud, el medio y la biodiversidad de estos productos que tenemos tan cerquita y que están tan ricos.

Las grandes superficies no son ajenas a esta tendencia y ya son muchos los establecimientos en los que se pueden encontrar productos frescos recién recolectados, carnes de granjas de la zona y pescados llegados de la lonja. Los precios suelen ser asequibles y el sabor y la calidad, incomparables; así que yo me apunto al ‘’made in kilómetro 0’’, ¿y tú?

 

Si llevar una vida sana y ecológica te parece imposible, no estás sólo.

Todo empieza leyendo una noticia sobre que los huevos son malísimos y luego otra sobre que en realidad son estupendos. Estabas convencido de que separar residuos es bueno, pero te han dicho que en realidad vacían todos los contenedores de reciclaje en el mismo camión. Has leído tantas teorías diferentes sobre ecología, lo que hay que comer y lo que no, que te has convertido en un escéptico. Has empezado a no creerte nada. Ya no sabes qué es bueno y qué es malo.

¿Que los donuts son malos? ¡AHHHGHGHGH!
¿Que haga la paella con arroz integral? ¡AHHHGHGHGH!

Y acabas volviendo a los malos hábitos, porque es más sencillo no plantearse las cosas que vivir con esa sensación de no estar haciéndolas correctamente.

Si estás a punto de entregarte a comer pizza y doritos y a tirar las bolsas al suelo, porque, total, esto ya no hay quien lo arregle: Tranquilo, no estás sólo.

Sí, yo también me he tragado muchas bolas. Lo admito, durante una temporada tomé cartílago de tiburón y hasta homeopatía (era joven e inexperta, qué le vamos a hacer). Sé que tanta información contradictoria a nuestra disposición, es abrumadora.

Por eso creo que es importante recordar que esto no se trata de hacer las cosas de una forma perfecta. Es una obviedad, pero no está de más recordarlo. Lee mucho, saca tus propias conclusiones e intenta hacerlo lo mejor posible.

Como dice Tim Minchin, queremos un mundo binario, pero no es tan sencillo. No te agobies, lo estás haciendo bien.

Y tú ¿lees las etiquetas?

Ayer compré un bote de hummus de la marca Simply Greek. Me encanta el hummus, además este está hecho con aceite de oliva ¡y es saludable!, al menos eso es lo que pone en el embalaje.

La vegetariana siempre trae el hummus

Pero si miramos la parte trasera, resulta que ¡tachán! el segundo ingrediente principal es el aceite de girasol y sólo un 2% de los ingredientes corresponde al aceite de oliva.

Hummus Simply Greek

Técnicamente no nos están mintiendo, pero lo de destacar tanto un ingrediente que constituye una parte tan pequeña del producto me hace pensar que algo huele a podrido en Dinamarca. Por no hablar del apelativo saludable, que en principio podríamos aplicar a cualquier alimento que no sea nocivo.

El caso del hummus no es muy grave, pero ¿te has parado a leer alguna vez los ingredientes de un alimento supuestamente sano como la pechuga de pavo? Echémosle un vistazo a esta que tenían en mi oficina. 60% de los ingredientes son pechuga de pavo. Vamos, que el 40% de esta pechuga no es pechuga, ¡40%!

Jamón de pavo que no es pavo

Y ¿qué me dices de este jamón curado cuyo tercer ingrediente es azúcar? Eso sí, te indican que es sin gluten, no vaya a ser que te encuentres el primer jamón del mundo que lo lleva.

Jamón con azúcar

Las empresas alimentarias están acostumbradas a destacar atributos evidentes como algo especial y a intentar confundirnos utilizando palabras como “saludable”, “natural” o “artesano”. Natural no significa nada, el azufre es natural y no te lo comerías. Y ¿cómo va a ser artesano un producto fabricado a gran escala? La única manera de saber lo que realmente comes es leer la letra pequeña de las etiquetas.

Recientemente, Justicia Alimentaria Global lanzó la campaña Mentira Podrida para concienciar sobre cómo la industria alimentaria nos la mete doblada, si nos dejamos, claro. Te recomiendo echarle un ojo a su web y a partir de ahora lee las etiquetas por delante y por detrás.